Música del alma

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El alma anhela el llanto y la pluma exige el lagrimeo de Chet Baker; triste melancolía. Cuando está inspirada cierra los ojos y espera a que suene Kind of Blue; improvisación divina. Si su dicha es buena, lo festeja con el scat de Heebie Jeebies; “Scat, skeet, skee, do doodle do…” Cuando ansía perfección sube al tren azul de John Coltrane; sublime, sincero. Y siempre así, una y otra vez, vierte una moneda en una vieja gramola con la esperanza de que suene conforme a su estado anímico; quizás en busca de la purificación, quizás por el simple placer de buscar, o quizás todo sea un espejismo y la gramola nunca emita sonido alguno, sino que sea el propio alma, que sin saberlo, llora música silenciosa a ritmo de papel y tinta.